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Rutas por el Monte Buciero

El Parque Cultural Monte Buciero le invita a recorrer las cinco rutas en las que descubrirá los faros y acantilados, el ecosistema del bosque, el fuerte napoleónico.... y un sin fín de paisajes inolvidables. 

Senda 1. Faros y acantilados
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
DATOS DATOS BÁSICOS

Inicio: Fuerte de San Martín. 
Tipo de marcha:Circular. 

Distancia total: 12 km. 
Dificultad: Baja (a excepción del descenso al Faro del Caballo). 
Desnivel: 250 metros acumulados. 
Tiempo: Cuatro horas. 
Accesos: Fuerte de San Martín. 
Aparcamiento: Amplio parking en el área del paseo marítimo 
Conectividad con otras sendas:
Conexión con todos los itinerarios de la Red de Sendas del Monte Buciero. 
 

Esta senda circular, con una extensión aproximada de 12 km. incluyendo el descenso al Faro del Caballo, destaca en el plano ambiental por discurrir en gran parte por uno de los encinares basales de mayor interés de conservación del Cantábrico, formando parte del Anexo I de la Directiva "Hábitats".

Desde el punto de vista paisajístico, cuenta con unos impresionantes acantilados que albergan fauna y flora característica de este ecosistema, y, entre sus valores patrimoniales, son reseñables dos faros decimonónicos, fiel reflejo de la tradición marinera, además de los fuertes y baterías que constituyen otros de los hitos del camino.

La senda comienza al final del paseo marítimo, junto al Fuerte deSan Martín, el cual fue edificado sobre un antiguo castillo de tiempos de Felipe II, constituyendo el último vestigio del sistema Carnot. Desde el castillo, unas escaleras ascienden a una carretera bidireccional. Se toma el ramal de la derecha, y, un poco más adelante, se gira a la izquierda. De esta manera, podemos observar junto a la carretera las Baterías Alta y Baja de Galbanes. Pronto, tras pasar varias canteras semiabandonadas, el asfalto deja paso a una pista pedregosa que gana nivel rápidamente sobre los acantilados. A un kilómetro del punto de partida, se divisa el Fuerte de San Carlos. Siguiendo la ascensión, el camino nos lleva hasta una baranda de madera y, justo de frente, se muestra imponente la Peña del Fraile, en cuyo escarpado perfil se adivinan varias cavidades con restos prehistóricos. Cuenta la leyenda que una salva al unísono de todas las baterías y fuertes del monte hizo que se desprendiera la cabeza del "fraile". Más adelante, nos topamos con la Casa de la Leña, y apenas unos metros después, con una boca de vegetación que se adentra en el bosque, en dirección a la antigua mina, que pasaremos de largo. Siguiendo el camino principal, se atraviesa una zona de farallones rocosos y grandes cortados en la roca, hasta llegar a una encrucijada.

En este punto, se gira a la derecha para visitar el Faro del Caballo y la Batería de San Felipe, cuyo acceso requiere un segundo requiebro a la derecha. Desde la Batería se obtiene una fabulosa vista del acantilado, y, a su pie, del Faro del Caballo, de acceso accidentado y costoso, que supone un vertiginoso descenso de casi 700 escalones, 800 si se desciende hasta el mar. Este Faro, puesto en funcionamiento en 1863, se encuentra en la actualidad abandonado. Una vez ascendida la escalinata, y de vuelta a la encrucijada, se tuerce a la derecha para no perder así el camino principal. Durante los dos kilómetros siguientes, se disfruta de un bello bosque de encinas, madroños y laureles, estas dos últimas especies particularmente profusas en esta parte de la senda a favor de unas mejores condiciones ambientales.

En el siguiente cruce debe tomarse el ascendente de la izquierda, y, más adelante, debe obviarse el camino que sigue de frente, y bajar en cambio por el de la derecha, que da paso a una pequeña zona de curvas de fuerte pendiente, por lo que el senderista debe ser aquí especialmente cuidadoso. Un poco más adelante, el camino se ensancha discurriendo ahora entre laureles y madroños, recuperando el carácter rectilíneo, para llegar hasta el Faro del Pescador. Este faro entró en funcionamiento en el año 1864, empleando una lámpara de aceite de oliva; hubo de ser reconstruido y moder­nizado tras sufrir graves daños causados por un ciclón en 1915.

Desde aquí se seguirá la carretera que nace en el camino, para enseguida divisar la playa de Berria y el Penal del Dueso, antiguo Fuerte Imperial de tiempos napoleónicos. También se encuentra en las cercanías la Batería del Águila (tomando en el entorno de la Punta del Águila un pequeño sendero a la derecha de la carretera). Se conservan todavía dos plataformas para artillería y dos estancias para alojamiento y almacén de municiones. Alcanzado el contorno del Penal del Dueso, un desvío permite visitar la napoleónica Batería de La Cueva, situada sobre el arenal de Berria. De vuelta al camino principal se bordea el penal por su flanco izquierdo, llegando al Barrio del Dueso, y después, a su parte alta, dejando en el camino el antiguo Polvorín del Dueso y cogiendo un camino de asfalto a la derecha de éste. 
Se alcanza así el Fuerte del Mazo y el Polvorín del Helechal, y se continúa por la carretera rodeada de encinas y disfrutando de excelentes vistas panorámicas de Santoña y sus marismas enpuntos como el Mirador de Casablanca. 

Tras recorrer casi 2 kilómetros desde el Fuerte del Mazo, se alcanza la antigua Batería Alta de San Martíy, apenas unos metros más abajo, el Fuerte de San Martín, donde finaliza la vuelta circular al monte, y con ello la senda comentada.

Senda 2. Ecosistemas de bosque
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
DATOS DATOS BÁSICOS

Inicio: Fuerte del Mazo.
Tipo de marcha:Lineal. 
Distancia total: 2,1 km (sólo ida). 
Dificultad: Baja. 
Desnivel: Unos 100 metros acumulados. 
Tiempo: Una hora. 
Accesos:
Desde el Fuerte de San Martín (al final del pasaje de Santoña) a través de una estrecha carretera de unos 2 km que conecta con el Fuerte del Mazo. También  se puede acceder por el barrio del Dueso por un estrecho vial asfaltado.

Conectividad con otras sendas:
Conexión con las otras cuatro sendas de la Red de Sendas del Monte Buciero.

Itinerario de poco más de 2 kilómetros que une el Fuerte del Mazo con Cuatro Caminos y el Faro del Caballo atravesando de oeste a este.

Bajo las cimas del Buciero, el frondoso corazón del Monte y su   valioso   encinar   relicto  de carácter   mediterráneo. 
 

La senda parte del Fuerte del  Mazo, fuerte napoleónico cuya estructura se adapta al promontorio sobre el que se asienta. El único acceso salvaba un pequeño foso seco mediante un puente levadizo. En 1886 se construyó el edificio mayor de dos alturas, con el fin de que sirviera de pabellón de arrestados. Del Fuerte del Mazo se desciende por un estrecho vial asfaltado en dirección al barrio del Dueso. A la derecha del camino se haya el Polvorín del Helechal, edificio flanqueado por dos torres (cuya finalidad originaria era la de pararrayos), y que actualmente sirve de improvisada estabulación ganadera. Este edificio daba servicio al Fuerte del Mazo.

Al poco de empezar a caminar, a unos 100 metros, se debe tomar un sendero de tierra que comienza a la derecha junto al lindero de la parcela ganadera del Polvorín. Se trata del origen de uno de los caminos históricos de mayor importancia del Monte, utilizado con asiduidad cuando el Buciero se constituía en una plaza militar de gran importancia. Los árboles de escaso porte junto a la maleza envuelven al sendero dando al caminante la impresión de transitar por un verdadero "túnel" de vegetación.

Continuando por el camino se pueden observar diferentes elementos geomorfológicos de origen kárstico, como es el caso de una cavidad subterránea que aparece a la derecha del sendero. Progresivamente el ascendente sendero se estrecha, para, después de un par de revueltas, alcanzar una cabaña en el paraje conocido como El Portillo. Al final de esta zona de prados, ya completamente rodeada por el cada vez más presente encinar, se alcanza una valla de madera que deberá fran­quearse para poder continuar el recorrido. 
Después de un leve ascenso se accede a una pequeña campa(Collado de Las Cuestas) desde la que se divisa una bella panorámica del Monte. Aquí se puede admirar el extenso bosque que se va a atravesar, así como las cumbres que lo rodean: a la derecha las peñas de Buciero y Peña Ganzo y a la izquierda La Rabona y la Atalaya, coronada por su singular estructura circular de vigilancia. Éste es un buen sitio para descansar y tomar aliento antes de adentrarse en el encinar.

A continuación se toma el camino de frente que atraviesa el bosque de oeste a este obviando otras alternativas. El sendero desciende a una gran hondonada de origen kárstico (dolina o chorco), aunque dada su extensión y densa vegetación, el senderista no perciba este hecho con nitidez. Se continúa por el interior del frondoso bosque por un camino perfectamente visible salpicado de pequeñas dolinas a ambos lados. 

Una vez internado en el bosque, se transita por un camino bien conservado y de buena anchura entre el intrincado bosque, dominado por la encina (Quercus ilex ilex). Se está atravesando el más valioso encinar costero, relicto o basal del norte peninsular, verdadera reliquia del pasado, que ha pervivido sobre suelos calizos. Durante el Terciario, dominaban prácticamente toda la región; posteriormente con los cambios climáticos del Cuaternario, su distribución se vio reducida a los peñascos calizos más cálidos.

Así, en el sendero se podrá observar el dominio de la encina y su cortejo acompañante (laurel, madroño, labiérnago, aladierno). Esto no es óbice para que se puedan encontrar especies de carácter atlántico aprovechando preferentemente depresiones con un mayor espesor de suelo y concentración de humedad (avellano, roble, acebo), apareciendo, a su vez, algunas especies de alta adaptabilidad (endrino, espino albar, mostajo). Lo cerrado y enmarañado del bosque, donde proliferan las especies trepadoras, hace que se asemeje a una verdadera "selva". Ésto protege a los vertebrados, lo que unido al carácter esquivo de la mayoría de especies, hace muy difícil su observación. Los grandes mamíferos como el corzo, el jabalí o el gato montés eran antaño abundantes, pero la caza continuada ha provocado que sobrevivan solo mamíferos de menor tamaño (ginetas, tejones, comadrejas, zorros o garduñas). Si se presta atención, se podrán observar pequeñas aves como el jilguero, la tarabilla, el mosquitero, el cuco, el herrerillo, o sus potenciales depredadores como el cárabo, la lechuza, el milano negro, el gavilán o el cernícalo.

El camino, de trazado casi rectilíneo, no tiene pérdida en el interior del bosque. Al cabo de casi un kilómetro se llega a un cruce de caminos. De este punto parten dos desvíos a derecha e izquierda, encaminándose este último hacia el cerro de la Atalaya. Sin embargo se debe continuar de frente, ascendiendo levemente para a continuación descender hasta alcanzar Cuatro Caminos, donde finaliza la ruta. 
 

Desde este emplazamiento se plantean diferentes alternativas: 
- Continuar de frente durante unos 200 metros para descender al Faro del Caballo y visitar la batería de San Felipe y sus espectaculares panorámicas. 
- Regresar al punto de partida por el mismo camino o enlazar con cualquiera de las otras sendas ("Faros y Acantilados" y "Culminaciones del Buciero") que confluyen en Cuatro Caminos.

Senda 3. Culminaciones del Buciero
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
  
DATOS BÁSICOS

Inicio: Fuerte del Mazo.
Tipo de marcha:Circular. 
Distancia total: 8,5 km. 
Dificultad: Media-alta. 
Desnivel: Unos 300 metros. 
Tiempo: Cuatro horas y media. 
Accesos:
Desde el Fuerte de San Martín a través de una estrecha carretera que conecta con el Fuerte del Mazo. También se puede acceder por el barrio del Dueso por un pequeño vial asfaltado. 
Conectividad con otras sendas: 
Conexión con los otros cuatro itinerarios de la Red de Sendas del Monte Buciero. 
Observaciones: 

Alternativa de descenso de la Atalaya: El descenso al camino circular puede resultar peligroso los días en los que el terreno se encuentre embarrado, existiendo una alternativa consistente en desandar hasta el collado anterior al ascenso a la Atalaya y tomar un desvío señalizado, alcanzando tras 1,3 km de descenso Cuatro Caminos, donde se vuelve a retomar la senda.

Itinerario circular que incluye el ascenso a las tres principales cumbres, Peña Ganzo, Buciero y la Atalaya, todas por encima de los 300 metros, y que posibilita la contemplación de sus excepcionales vistas panorámicas. 

Además, permite conocer los principales ecosistemas presentes en el Monte (encinar costero relicto, acantilados, karst, zonas de cumbres), áreas donde aparecen singularidades botánicas en esta "isla" de bosque mediterráneo (entorno de la mina de hierro abandonada), así como elementos patrimoniales de elevado valor (Atalaya, Fuerte del Mazo).

La senda comienza en el Fuerte del Mazo, a unos 2 kilómetros de Santoña, construido por los ingenieros napoleónicos tras ser tomada la península por un ejército de 4.000 hombres. Desde este punto se toma la pista asfaltada que a la izquierda se dirige a El Dueso. A la derecha se observa el antiguo Polvorín El Helechal, que abastecía al Fuerte del Mazo. Se continúa por la pista hasta que, a menos de medio kilómetro aproximadamente, hay que desviarse por otra pista asfaltada ascendente que se dirige al paraje conocido como Yusa, zona donde se localizan varias explotaciones ganaderas. En la confluencia entre los espacios ganaderos y el encinar aparecen las orlas forestales, espacios de transición y frontera entre los ecosistemas de prados y las masas forestales y que cumple la función de cobijo, zona de alimentación y refugio para varias especies faunísticas. Justo antes de llegar al fin de la pista asfaltada, hay que virar en un camino de tierra que nace a la derecha. Tras sortear un cierre para el ganado, llegamos a una pequeña campa.

En la parte superior derecha de este pequeño claro continúa el ascenso a través del valioso bosque, donde aparecen encinas, laureles o madroños. Tras obviar una senda a la derecha, se continúa ascendiendo por el zigzagueante camino, pudiendo observar ya cerca de la cumbre un singular abrigo en la roca caliza. Finalmente, se alcanza la cumbre (312 metros), sobre la cual se asienta el puesto circular de vigilancia de la Atalayacuya estructura actual data del S. XIX. Las vistas panorámicas desde este excepcional mirador natural (se tienen referencias de su uso como oteadero de ballenas ya en el S. XI) son inmejorables.

Desde este punto, se sigue un pequeño sendero que nace al lado contrario del lugar por donde se alcanzó la cumbre, internándose a continuación en un bosque muy tupido y denso. El angosto camino desciende raudo la pendiente totalmente encerrado entre encinas, laureles, madroños y multitud de enredaderas y plantas trepadoras, conectando finalmente con el camino circular que circunvala el monte, (ver en Observaciones: Alternativa de descenso de la Atalaya si este tramo de camino se encuentra muy embarrado y resbaladizo).

Continuando a la derecha llegamos a Cuatro Caminos, donde, a menos que se quiera visitar a la izquierda la Batería de San Felipe y el Faro del Caballo, se seguirá de frente por un hermoso camino que atraviesa el encinar hasta la Casa de la Leña, donde se pueden admirar los espectaculares acantilados y la Peña del Fraile. 
Para dirigirse hacia Peña Ganzo y el Buciero, se tomará un desvío a unos 50 metros de este emplazamiento. El camino se va internando en el bosque, atravesando un singular "desfiladero", percibiéndose cómo progresivamente varía la composición de la frondosa masa forestal por la que se transita. Este hecho viene motivado por la localización en esta zona, a comienzos del S. XIX, de una mina de hierro a cielo abierto.

Al ser abandonada, las especies atlánticas (avellano, roble, acebo, haya), más adaptadas a las condiciones climáticas actuales, sustituyeron en gran medida a la vegetación preexistente de carácter mediterráneo. Aún son visibles a lo largo del camino pequeñas catas, vestigios de la antigua actividad minera que acabó con la vegetación original.

Siguiendo la senda, se alcanza el singular "Valle de los Avellanos", dolina ocupada casi en exclusividad por esta especie por los motivos antes explicados. A la derecha parte un estrecho camino en fuerte ascenso por el interior del bosque, donde vuelven a dominar las especies de carácter mediterráneo. Aparecen dos pasos complicados: el primero de ellos se encuentra junto a un área de afloramientos rocosos, donde el camino parece continuar de frente, junto a las rocas, pero realmente hay que dirigirse a la derecha, transitando escasos metros por el lapiaz hasta retomar el sendero de tierra. Más adelante, en una zona con escasa pendiente, se deberá tomar un desvío ascendente a la derecha, obviando el camino de frente.

Ascendiendo por el sendero, se accede a una primera zona herbácea con muy buenas vistas. Tras introducirse nuevamente en una zona boscosa, se llega a una gran pradería de mayor tamaño muy cerca ya del collado que separa las dos cumbres. 
En este punto se debe atravesar la pradera hasta su límite superior, donde aparece un cruce de caminos. Se continúa por el de la derecha, que se introduce en otra zona boscosa para llegar, casi inmediatamente, al collado entre Peña Ganzo y Buciero. Se trata de una zona muy karstificada, dominada por el matorral y salpicada de encinas, donde se debe prestar atención en no perder el sendero. Unos 100 metros después de salir del bosque, aparece un cruce con dos desvíos. El de la izquierda se dirige a Buciero y Fuerte del Mazo, el de la derecha a Peña Ganzo.

Si se opta por ascender a este último, se deberá bordear por la izquierda un tupido encinar hasta alcanzar una pequeña pradería a los pies de la mayor cumbre del macizo. Desde aquí nos dirigimos a la base de la peña, desde donde atravesamos una pequeña y pronunciada canal para finalmente llegar al hito que señaliza la cumbre de mayor altura del Monte (378 metros). Las vistas desde este pico no son excesivamente buenas, siendo mucho más interesantes las que ofrece la rocosa cumbre del Buciero. Para dirigirnos a él se deberá desandar el trayecto hasta el cruce en el collado, transcurriendo el estrecho sendero entre matorrales y roquedo, hasta finalmente llegar a la cumbre (367 metros), donde se levanta una gran cruz y un mástil. Las vistas sobre la ciudad de Santoña, la playa de Berria y todo el estuario del Asón son espectaculares. 

Desde este excepcional mirador panorámico se acomete el descenso hacia el Fuerte del Mazo, en un primer momento por un terreno agreste dominado por el roquedo hasta alcanzar un estrecho sendero de tierra que desciende hasta una cabaña abandonada. En el mencionado lugar, tras franquear un cierre en mal estado, solo resta descender por el camino entre los muros de la parcelaria hasta finalizar el recorrido en el Fuerte del Mazo.

Senda 4. Tradición pesquera y fuertes napoleónicos
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
DATOS BÁSICOS
Inicio:
 Fuerte de San Martín. 
Tipo de marcha:Circular. 
Distancia total: 8,5 km. 
Dificultad: Baja. 
Desnivel: Unos 160 metros. 
Tiempo: Dos horas y media.
Accesos y servicios:
Amplia zona de parking en el paseo marítimo de Santoña.

Itinerario de escasa dificultad por el entorno del núcleo de Santoña que permite recorrer las principales fortificaciones de la época napoleónica y años posteriores (tres fuertes, dos polvorines y dos baterías). 
 

Conoce in situ la secular tradición marinera de la villa (puerto pesquero, industrias conserveras, pasaje marítimo) y aproximarse a los valiosos ecosistemas de marisma y encinar costero. 
La senda parte del final del paseo marítimo, junto al Fuerte de San Martín, cuya construcción actual, que data de 1863, se alza majestuosa sobre la bahía de Santoña, y que, junto al cercano fuerte de San Carlos, defendía la entrada de la bahía de posibles incursiones de tropas enemigas. El uso de este estratégico lugar es muy anterior, pues ya a comienzos del S. XVII los santoñeses habían erigido una fortificación para la defensa de la villa. Tras ascender por unas escaleras que nacen bajo el fuerte se llega a un cruce,  donde se debe tomar el ramal de la derecha, dirigiéndose el de la izquierda al Fuerte del Mazo, camino que se tomará posteriormente. A escasos metros aparece otro cruce, en el cual se vuelve a girar a la derecha, dirección Fuerte San Carlos.

En la misma bifurcación, se pueden admirar las dos baterías de Galbanes, la alta junto a la carretera, y la baja, sobre el pasaje marítimo. Localizadas entre ambos fuertes, servían de apoyo y completaban el sistema defensivo que cubría la entrada a la bahía y su fondeadero interior.

A menos de un kilómetro del anterior Fuerte, se alcanza el Fuerte de San Carlos. La fortificación se edifica en 1688 sobre el Castillo de Torrecilla, que las fuentes datan en tiempos de Felipe II. Tras numerosas reformas en el S. XVIII, tuvo un uso muy destacado entiempos napoleónicos, proviniendo su estado actual de la reforma de 1859.

Desde este punto se debe de retornar nuevamente al Fuerte de San Martín, desde el cual tomamos el ramal de la carretera que asciende al Fuerte del Mazo. A una centena de metros se alcanza laBatería Alta de San Martín, gran explanada desde la que se protegía al Fuerte de San Martín y donde todavía son perfectamente visibles los soportes en los que se instalaron los cañones. Prosiguiendo el recorrido, la pista se interna en el valioso encinar cantábrico relicto del Buciero, llegando al Mirador de Casablanca, a medio camino entre los dos fuertes, con unas excelentes vistas sobre  Santoña y el  estuario  del Asón.

Tras un kilómetro y medio ascendiendo por la pista, alcanzamos elFuerte del Mazo y el Polvorín del Helechal, localizado en un lugar resguardado para evitar impactos de proyectiles enemigos. El Fuerte del Mazo, recibe también erróneamente el nombre de Fuerte de Napoleón, motivado por la transmisión popular del nombre del Fuerte Imperial de Napoleón, construido simultáneamente al del Mazo y demolido a principios del S. XX para la construcción de los edificios que ahora constituyen el Penal del Dueso. 
Retomando la senda, habrá que dirigirse al Barrio del Dueso, continuando de frente por la pista asfaltada tras el pequeño desvío al Fuerte. Se desciende paulatinamente, ignorando un ramal que nace a la derecha 500 metros después. Tras otro medio kilómetro, se llega al barrio del Dueso, donde se podrá observar el Polvorín del Dueso, en este caso edificado con la función de abastecer al derruido Fuerte Imperial.

A continuación, desde la pequeña plaza con un área de recreo infantil y unas pistas deportivas, se continúa descendiendo, girando a la izquierda y siguiendo la carretera hasta salir del Dueso y finalizar en un cruce, donde se deberá tomar el desvío de la izquierda. Siguiendo esta carretera, se deja atrás la cantera del Sorbal, continuando unos metros hasta que, a la derecha, junto a  un  muro de  piedra,   nacen  unas escondidas escaleras.

Bajando por ellas, enseguida se accede a un pequeño sendero de tierra que transcurre junto al perímetro de la Marisma de Sorbal.Se trata de un humedal de agua dulce que se alimenta de las aguas subterráneas del Buciero, a cuyo pie se asienta.

La senda, que discurre entre carrizos y otras especies propias del ecosistema marismeño, finaliza junto a la carretera nacional. En este punto, se vira a la derecha, avanzando 30 metros por el arcén hasta cruzar con sumo cuidado la carretera e introducirnos en elpolígono industrial, donde transitando por su perímetro exterior, junto al mar, se observará por un lado la mayor concentración de industria de fabricación de anchoas de España y por otro, excelentes vistas sobre todas las Marismas y el estuario del Asón.

Continuando por el borde exterior del polígono, se alcanza la carretera autonómica CA-241, que atraviesa la Marisma. Siguiendo a la izquierda enseguida se llega al singular y tradicional Puerto Pesquero, con su lonja y el recientemente instalado Mirador de las Marismas con forma de proa de barco. Es en el entorno del puerto, uno de los más emblemáticos y de mayor tradición de la península, donde mejor se puede admirar el gran peso que la pesca y todas las actividades relacionadas con ella siguen manteniendo en la villa marinera. Es por ello muy recomendable el paseo por el puerto y tomarse unos minutos para admirar su entorno desde el mirador.
Del entorno del puerto parte el agradable pasaje marítimo que "inducirá al senderista al Fuerte San Martín en unos 20 minutos. Así, bordeando la Plaza de Toros (construida en 1907), se sigue caminando por el pasaje, lo que permite observar la playa de San Martín (a los pies del paseo), las tradicionales actividades de marisqueo, el Monumento a Juan de la Cosa, insigne marinero oriundo de la villa y autor del primer mapamundi, o el embarcadero que une Santoña con Laredo. Así, finalmente llegamos al punto de partida, bajo el Fuerte San Martín. 

Senda 5. Camino del Salticón
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
DATOS BÁSICOS

Inicio:La Alameda de Santoña 
Tipo de marcha:Lineal
Distancia total: Unos 525 metros (sólo ida) 
Dificultad: Baja. 
Desnivel: 140 metros. 
Tiempo: Veinte minutos. 

Accesos: La Alameda, en la entrada de Santoña desde la carretera proveniente de Argoños. Si la senda se hace en el sentido inverso, el acceso se realiza desde el entorno del Fuerte del Mazo, por un pequeño sendero semioculto entre el Fuerte y la pequeña área de estacionamiento. 
Aparcamiento: Existe una amplia área de aparcamiento en el entorno de La Alameda, junto al comienzo de la senda 

De las cinco sendas, ésta constituye el itinerario más corto, y adquiere importancia gracias a su condición de enlace entre el núcleo de Santoña y la Red de Sendas del Monte Buciero propiamente dicha. 

Se trata de un recorrido lineal que transcurre en su práctica totalidad por el valiosísimo ecosistema de encinar relicto, característico del Monte.

Partiendo de La Alameda de Santoñahay que dirigirse a la bifurcación que parte de la rotonda dirección El Dueso y Berria. Desde aquí, comienza el camino, escondido entre edificios. Tras ascender por unas escaleras, se vislumbra a la izquierda un estrecho callejo entre muros. 

El ascenso continúa hasta su fin en el Fuerte del Mazo, sobre terreno cementado al principio para, más adelante, alcanzar el encinar. La ruta va penetrando progresivamente en un corredor verde, donde la densidad de la vegetación reduce la luminosidad al mínimo: se atraviesa un espacio definido por el encinar cantábrico relicto de mayor importancia del norte peninsular. 

El camino queda delimitado a la derecha por un muro separador de parcelas, que acompaña al senderista hasta finalizar la ruta. A su lado, se continúa la ruta hasta que se alcanza una pequeña portilla. Una vez superada, el sendero continúa ganando altura de un modo zigzagueante, y muere en la intersección con el comienzo del camino empedrado que conduce al Polvorín del Helechal y alFuerte del Mazo.